domingo, 15 de mayo de 2016

¿Cómo esta política de Convivencia escolar se condice con nuestro contexto?


Debido a la constante maleabilidad y cambios presentes en el tejido y estructura social, se debe entender la política de convivencia escolar como una herramienta, un instrumento para la formación y el levantamiento de los niños hacia las orientaciones dictadas por el escenario social vigente.El presente eje de la política de convivencia se centra en la formación del sujeto como un ser y un proceso completamente social, que se crea y se construye a partir de las interacciones con la comunidad educativa tanto dentro como fuera de la institución escolar, para así recrear procesos de aprendizaje de forma significativa, más validos y mas duraderos en el estudiante. En pocas palabras, el estudiante deja de ser visto desde la individualidad y pasa a formar parte de un contexto, una historia y un escenarioComo vimos en una entrada anterior, la convivencia escolar se va adaptando continuamente a las necesidades que nacen del tejido social en constante cambio. Es por eso que en la entrada de hoy veremos como esto puede aplicarse en nuestro caso. Vease por ejemplo, la lucha por la educación que nace el 2006 y que vuelve a la notoriedad el 2011, donde, entre todas las demandas, se incluye la incorporación de la educación cívica, demanda a través de la cual podemos comprobar tanto la importancia que se le da a los contenidos como forma de construir sujetos y ciudadanos; y como  forma de permeabilidad de la política de convivencia escolar.Otro ejemplo podríamos tomarlo de la multisectorialidad presentes en los diversos movimientos por la educación, en donde suele manifestarse el autoconocimiento de uno mismo dentro de una familia, dentro de un contexto social. Con esto nos referimos, en palabras más simples, a la colaboración de distintos actores sociales dentro de las manifestaciones tanto coyunturales como continuas, como por ejemplo, pescadores, profesores y estudiantes, donde se destaca la solidaridad basada en las relaciones de parentesco, y en el entendimiento de la pertenencia a la misma clase social. Ahora bien en estricto rigor podemos señalar que las políticas de convivencia escolar, a pesar de evolucionar a grandes pasos, hoy se alejan enormemente a la realidad que se vive en los establecimientos educacionales, en los cuales se puede constatar que prima una lógica punitiva y  competitiva de la convivencia escolar propia del actual sistema económico imperante.



Si bien muchas de las nuevas políticas de convivencia escolar en Chile, como las señaladas en la entrada anterior, apuntan a un enfoque participativo, colaborativo y solidario estas no logran su cometido muchas veces por la misma deficiencia que existe de parte del sistema educacional chileno para abstraer a la educación del espacio mercantil y comenzar a concebirlo como un espacio de educación crítico y solidario que forme un ciudadano íntegro comprometido con la sociedad. En esta línea consideramos que va el trasfondo de los ejemplos anteriormente dados con respecto a las movilizaciones en pos de un cambio estructural del sistema educacional, ya que si bien se plantea como eje central el fin de la mercantilización de este, se plantea implícitamente un cambio de paradigma en la educación.


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